viernes, 30 de octubre de 2020

Carta a mis hijos

Queridos Rafael y Margarita,

La vida se nos puso patas para arriba de la noche a la mañana, y quisiera que sepan por qué. Son protagonistas de un momento histórico para el planeta; y estoy segura, qué el día de mañana le contarán esta experiencia a mis nietos.

En Argentina estábamos en plena temporada de verano cuando se empezaba a escuchar en algunos medios que China atravesaba una crisis sanitaria producto de la ingesta de un murciélago. Sí, un murciélago. Pero entre la playa, la pileta y las vacaciones ni se nos ocurría pensar que eso podría llegar a afectarnos.

El verano llegaba a su fin y comenzaron las clases. Rafa tu última salita del jardín y para vos Marga, la primera. ¡Qué ilusión me daba que compartieran ese año! Año que terminaron compartieron en casa. Porque ya durante los primeros días de marzo en los medios y redes sociales nos aconsejaban que nos quedáramos en casa. (Un slogan un tanto simpático teniendo en cuenta el escenario posterior). Fue el 11 de marzo de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud declara al coronavirus como pandemia. Y ahí sí, la vida se detuvo. Para ustedes, para nosotros, y para el resto de la humanidad.

Acorde a nuestra idiosincrasia argentina, al principio la subestimamos un poco. Ya van a aprender que a veces los adultos, por negación o mecanismo de defensa, elegimos pensar que las cosas nunca van a ocurrirnos a nosotros. Era más sencillo creer que el coronavirus era muy lejano aún. Parecía ciencia ficción que un virus pudiera estar afectando al mundo entero. Pero llegó el primer caso a nuestro país y luego el segundo, y el tercero… y las fichas comenzaron a caer como en un casino. Y sólo nueve días más tarde, el 20 de marzo, el presidente Alberto Fernández declara el aislamiento social obligatorio por quince días. En palabras sencillas, debíamos quedarnos en casa, los cuatro juntos sin salir a trabajar, ni al jardín, ni a la plaza, sólo a comprar comida. No sonaba tan mal.

Pero pasaron esos primeros quince días, y se agregaron semanas, meses y la situación solo empeoraba. En la televisión empezaron a contabilizar las muertes y entonces todo se tiñó de dolor. Porque detrás de cada número en la pantalla, había una familia sufriendo. Una familia que, además, en contexto de pandemia ni siquiera podía despedir a su ser querido como hubieran deseado.

Durante estos meses en casa aprendimos de barbijos, ahora bautizados tapa boca. Rápidamente surgieron todos los modelos: lisos, estampados, ajustados, flojos, cancheros, ridículos. Para todos los gustos. También incorporamos la lavandina y el alcohol como principales fragancias domésticas. Escuchamos infinidad de infectólogos dando clases magistrales sobre “cómo encarar una pandemia” y nos volvimos expertos en estadísticas.

El mayor deseo de un ciudadano común dejó de ser ganarse la lotería, sino ser “asintomático”. Termino que se escuchó cada noche en los noticieros argentinos, junto a muchos otros como “inmunidad del rebaño”, “cepa”, “Universidad de Oxford”, “Tecnópolis”, “lavate las manos”, “¿en qué fase estamos?” y muchos más que aprendimos durante estos largos meses.

Los médicos, enfermeras y todo el personal de salud se convirtieron en los héroes absolutos de esta situación. Cada noche, recibían un aplauso desde todas las casas del país. Aplauso que sólo tenía como objetivo decirles GRACIAS. Gracias por cuidarnos desde la trinchera más peligrosa.

Al igual que ustedes, todos los niños del mundo abandonaron las aulas y las maestras tuvieron que aprender a desenvolverse frente a una cámara. Las fiestas de cumpleaños se volvieron virtuales y los abrazos emoticones. Ir al supermercado pasó a ser una aventura de alto riesgo y los “runners” (termino que define a aquel que disfruta de correr) llenaron las tapas de los diarios durante semanas, exigiendo su libertad para hacer deporte.

Familias enteras, como la nuestra, quedaron separadas por kilómetros o por pocas cuadras. No importaba la distancia, la cuestión es que dejamos de reunirnos, de visitarnos, de abrazarnos. Y el corazón de miles de abuelos se puso en pausa esperando la llegada de sus nietos.

Desde aquel 11 de marzo, abrimos los diarios esperando leer la mejor noticia: “tenemos vacuna”. Pero lo cierto es que ya vamos ocho meses esperando su llegada, el tiempo sigue transcurriendo y empezamos a planificar una Navidad distinta.

Todos los días me pregunto qué nos dejará la pandemia, pero sobre todo qué les dejará a ustedes. Qué se robó este año de encierro, qué aprenderemos de todo este caos, qué secuelas nos dejará en el cuerpo y en el alma. Qué habremos valorado más cuando todo esto termine.

Sin duda no seremos los mismos, y ahí estaremos con papá sosteniéndolos como siempre de la mano y enfrentando lo que sea, juntos. Siempre juntos.

Los amo,

Mamá.

martes, 31 de marzo de 2020

PANDEMIA


“Me falta el viento” me dijo hoy Rafa bastante angustiado mientras de fondo sonaban las noticias.
Yo, en una literalidad absoluta y casi sin darle demasiada trascendencia, le respondí “salí al patio que ahora se levantó vientito” y entonces me dijo “no mamá, me falta el viento de la calle”.
Y ahí ya no pude responderle, me quedé en silencio con un nudo en la garganta y solo le dije “yo también lo extraño mi amor”. Ahora, a oscuras, me cuestiono si supe consolarlo, si lo habré dejado conforme, si empatizar con su sentimiento habrá sido suficiente para que se sienta tranquilo... Lo cierto es que en la “escuela de madres” nunca nos hablaron de #pandemias. Era una materia opcional que no valía la pena cursar, porque “nunca va a pasar”. Vaya si la vida sorprende!! Entonces me pongo a escribir, porque es liberador y es donde mas cómoda me siento y pienso que estamos pasando un momento tan complejo, tan distinto para todos, y también para los chicos. Ellos están contentos de tenernos 24x7, más creativos que nunca, pero no olvidemos que también escuchan, sienten, ven, nos perciben por momentos ansiosos, preocupados y en el mejor de los casos preguntan, pero no siempre quedan conformes con nuestras respuestas.
Quisiera ser la madre segura y convincente que supe ser, pero como cuesta en estos días estar a la altura de las circunstancias!
Por lo pronto mi amor, mañana mismo vamos a sentir el viento fuerte en la cara, pero en casa, porque un día vas a entender que acá es donde tenemos que estar hoy... Te amo.


Las Tormentas en el campo

Algo de lo que cambió radicalmente en mi vida desde que vivo en el interior fue el transcurrir de las tormentas. Especialmente esas que vienen acompañadas de viento, rayos, piedras, truenos y todo tipo de rugidos de la naturaleza (más cuando el techo es de chapa que agudiza la sensación de catástrofe). Pasé de amarlas y desearlas, a odiarlas profundamente. Porque amigos, vengo a contarles que una tormenta en un primer piso de la capital federal no tiene nada que ver con la tormenta en el medio del campo. Son las 4.30 de la mañana, llueve torrencialmente afuera. Mi habitación se ilumina por completo en cada relámpago. Yo tengo los ojos abiertos, escucho y envidio el respirar sereno de mi compañero. Hija menor ya se pasó al medio de la cama grande. Me alegra tenerla cerca. Para calmarme googleo estadísticas sobre casas quemadas por un rayo (?). Pocos casos. Ok. Respiro y espero que termine pronto.



jueves, 14 de noviembre de 2019

AMISTAD


Se conocieron en el jardín maternal cuando Rafa tenía 1 año y Juanpe 11 meses. Hoy el primero está por cumplir 5...
Cuatro años en la vida de un adulto quizás sea poco, pero en la vida de ellos es prácticamente la totalidad.
En estos años aprendieron a caminar, a hablar, dejaron los pañales y el chupete. Cada uno a su tiempo, con su personalidad, pero siempre cerca, acompañándose.
Juntos aprendieron de dinosaurios, de animales de la selva y de Hot Wheels. Hoy la cosa va por los Legos y los Playmobil. Todavía no sabemos si el deporte es su fuerte, pero aguerridos se encuentran todas las semanas en la cancha de básquet para al menos divertirse.
Allá por 2016, cuando aún no había hermanos a la vista, cursaron las primeras materias en la carrera de “compartir”. Costó un poco, recursaron varias veces, pero hoy parecería que los conceptos se fijaron. Y los hermanitos menores se encontraron con la mejor versión de los mayores.
Rafa y Juanpe se pelean y se amigan 20 veces por día. Se reclaman, se demandan, se adoran. Estoy segura que ya saben que un buen amigo es el mejor regalo que pueden tener. Y eso me deja tan tranquila.
Como si fuera poco, a ellos también le debemos nuestra amistad @roasinari


miércoles, 22 de agosto de 2018

Día del Niño 2018

Siempre festejo la niñez.
Celebro la inocencia de sus ideas, la transparencia de sus pensamientos, la simpleza de su lógica. Amo que siempre les gane la verdad aunque intenten hacerme creer que se lavaron los dientes.
En tiempos en los que nos cuesta tanto confiar, donde nos traicionan quienes deberían velar por nuestro bienestar, en tiempos en los que la ambición le ha ganado la batalla a la humildad…No sólo festejemos la niñez. Cuidémosla, salvémosla y por sobre todas las cosas aprendamos todos los días un poco más de ellos.
Feliz Día del niño para todos, pero en especial para mis mejores maestros: Rafael y Margarita


lunes, 21 de mayo de 2018

GRAN hermano

Me acuerdo cuando escribí sobre los celos que tenía Rafa a los 6 meses de Margarita. Tuvo gran repercusión ese post. Aún hoy (casi 6 meses después) me encuentro con gente que no veo hace un tiempo y me pregunta, “cómo anda Rafa con la hermana?” Y yo automáticamente respondo MUY BIEN! Y siempre pienso que sería justo contar cómo siguió la historia. Así como lo expuse en su momento, ahora debería reconocerle públicamente a Rafa lo buen hermano que resultó. 
Tiene una paciencia infinita (más que la mía sin dudas). Jamás desde que nació Margarita se quejó por un llanto (y han habido MUCHOS, hasta viajes completos a Buenos Aires escuchándola llorar y el en silencio). Aprendió con mucha madurez que a veces le toca esperar, porque ya no es la ÚNICA prioridad de mamá y papá. Es un hermano súper divertido (los genes de Papá son fuertes). Ama hacerla reír y debo confesar que tiene mucho éxito. Ella lo mira embelesada y a veces se ríe a carcajadas. Pero si no se llega a reír, digamos que es de frustración rápida. Muere porque aprenda a decir “Rafa” aunque ya la anticipe que la R es de las letras más difíciles. Que por ahora se conforme con el”Ca-Ca” (si, pobre, no es el apodo más feliz).
Por supuesto que esto no es siempre Disneylandia. También la pellizca, muchas veces me pide que la deje en el piso y lo alce a él. “Ya se va a dormir Margarita?” Empieza a preguntar tipo 20.30hs (Y yo pienso si será una pregunta o un deseo?). Desde ya que a veces la forma de sacarle un juguete no es la más sutil. Por supuesto que la ha hecho caer más de una vez. Es normal que no sea cuidadoso a la hora de “enseñarle a jugar”. Pero me emociona tanto verlos juntos.
A veces me abstraigo de esa situación y los observo, en silencio a unos metros. La vida fue tan generosa conmigo. Quizás no soy lo suficientemente agradecida. Estamos cansados. A veces aturdidos y muertos de sueño. Pero cuánto amor nos rodea 



La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie e interior





martes, 16 de enero de 2018

Los CELOS

Mañana Margarita cumple 7 meses. La misma cantidad de meses hace que Rafa tiene una hermana. Y cuando ya casi descorchábamos pensando que esto era muy fácil, llegaron ellos, los CELOS. Me animo a decir que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para evitar que Rafa “sufra” (y lo pongo entre comillas porque le trajimos una hermana, no lo pusimos pupilo en un convento. Pero a los 3 años algunas cosas no son tan fáciles de entender). Realmente hicimos todo lo que nos aconsejaron: muchos momentos a solas con el, integrarlo en las actividades de Margarita con un rol protagónico, le dimos toda la atención que pudimos. Peeeero, vengo a contarles que fue inevitable y que unos celos furiosos están aquí conviviendo con nosotros en casa. Manifestándose en todas sus formas y colores: caprichos y llantos eternos, enojos que siempre terminan en un apretón de cachetes a la hermana, retrocesos en algunos procesos que creíamos serían más sencillos, vandalismo sobre alguna pared, etc..
Lidiar con esto quizás sea el desafío más grande desde que soy mamá (ya me tocará la adolescencia).
De todas formas, sólo cuando logro dejar de lado la culpa y pienso fríamente, creo que es bueno que Rafa atraviese esto. Que es positivo, que lo va a ayudar a crecer, que va a ser un aprendizaje para toda la vida. Porque un día su mejor amigo tendrá otro mejor amigo y habrá que compartir esa amistad, porque un día tendrá un nuevo compañero de trabajo y habrá que compartir escritorio u oficina, y porque un día (ojalá) también será padre y tendrá que compartir la atención y amor de su mujer con sus hijos.
Confío también en que llegará el día en que entienda que Margarita fue el mejor regalo que pudimos hacerle y que eso no significó dividir en dos nuestro amor, sino multiplicarlo.
Escribir siempre me ayuda a contar hasta 10 y seguir transitando el maravilloso mundo de ser mamá x 2
Felices 7 meses gorda hermosa de mi vida!!!!!!!!!